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martes, 9 de mayo de 2017

CAMBIEMOS la verguenza nacional argentina....

2 x 1: carta de una hermana de desaparecidos a los jueces

Además de compañera de militancia, soy abogada de Gloria en causas de lesa humanidad. Ella tiene dos hermanos desaparecidos y otro sobreviviente, que con 14 años estuvo secuestrado en la ESMA. Hoy ella estuvo en Comodoro Py recorriendo los tribunales para exigir que los secuestradores de sus hermanos no queden en libertad. Allí les entregó a los jueces esta conmovedora carta donde relata crudamente cómo el genocidio atravesó a toda su familia.

    

Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal, Miguel Hernández.

Un golpe helado

No doy crédito, no puede ser, me digo. Pueden volver a caminar libres. Nos los podemos cruzar en un bar, en cualquier lado. Este tipo de animal no se esconde, no se avergüenza, no teme.

Pienso en el Turco Julián, nazi confeso, dueño de la vida y de la muerte en los Centros Clandestinos del Circuito Atlético, Banco, Olimpo. Podría quedar libre. Fue condenado en 2010. En un juicio en el que entre muchos desaparecidos y sobrevivientes, mi hermano Guillermo Pagés Larraya fue uno de los casos por el que se condenó a Julián y a 15 genocidas más. La desaparición, secuestro y torturas contra Guillermo fueron tratados y probados por testigos y compañeros de cautiverio en el Juicio a las Juntas en 1983.

Sí, la Corte Suprema ha entregado la llave para que las puertas se le abran a los asesinos y torturadores de nuestros familiares, de nuestros compañeros sobrevivientes.

Fui testigo en ese juicio. Mi hermano Antonio también. Declarar en un Tribunal, en un juicio por delitos de lesa humanidad, donde una de las víctimas es tu familiar, de algún modo trastoca hasta lo más hondo. Hay que exponerse delante de jueces, de asesinos, de defensores de asesinos. Buscaba con mi mirada la de mis compañeros y familiares que me habían acompañado. También es una reparación. Decirles ahí que los queremos presos, a todos, en cárcel común y para siempre.

Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal, dice Miguel Hernández. Eso recibió mi familia un 4 de septiembre de 1977. Desaparecía mi hermana Rosita. Tres años apenas cumplidos tenía yo. Mi vieja a punto de parir. Así nacía Clara quince días después. En medio de ese espanto desgarrador. Mi viejo se repartía entre gestiones, búsquedas desesperadas, patear puertas de funcionarios que por toda respuesta tenían un “jódase, los hubiera criado mejor”, juzgados y habeas corpus rechazados, y la alegría imparable de una nueva vida entre sus brazos. Un año y dos meses más tarde, nació Ana. Ese aferrarse a la vida.

Meses después, en diciembre, desaparecía Guillermo (Mariano). Antonio con 14 años era secuestrado en la Esma durante unos días. Nosotras crecíamos mamando esa angustia, esas que uno no sabe cómo hicieron, cómo hicimos, nuestros viejos, las Madres, los hijos e hijas, nosotras mismas, para llevar encima. De un silencio atronador, de eternas y miles de noches insomnes, de la ansiosa locura de la escritura se agarró mi papá.

Más tarde llegó la verdad: Guillermo estuvo desaparecido y secuestrado en los tres centros clandestinos del circuito ABO. No hay certezas, claro, de eso se valieron los genocidas, pero hay grandes indicios de que fue tirado al Río de la Plata en los horrendos vuelos de la muerte.

Tan chico, tan apasionado, tan de esa generación que nos robaron porque se enfrentaron a la miseria de lo posible y pusieron en cuestión este mundo para transformarlo.

Su corta vida de 22 años fue la de un militante voraz. Arranca en los primeros años de la secundaria en el Nacional Buenos Aires, para ser después periodista, trabajador telefónico de Entel, estudiante universitario, cuadro dirigente en Montoneros. Todo de golpe, todo junto. Cuando los milicos fusilan a su compañera Verónica Basco, Guillermo le escribe al padre una carta bellísima que empieza con una cita de Julius Fucík, un poeta checoslovaco: “por la alegría hemos vivido; por la alegría fuimos al combate. Que jamás la tristeza sea asociada a nuestros nombres”. Y le cuenta lo felices que eran juntos, pequeñas y hermosas escenas de una vida intensa, que hasta un hijo querían traer al mundo.

Ahora que los asesinos y secuestradores de Guillermo, de Rosita y de los 30.000 tienen la llave de sus celdas, no podemos quedarnos quietos. No lo hicimos nunca.

No es sólo un acto de justicia, es también en propia defensa. Todos los que fuimos testigos, todos los sobrevivientes que declaramos, en mi caso por ejemplo contra el Turco Julián y los genocidas de ABO no estamos tranquilos si podemos verlo caminar libre. Si puede vernos. Si puede amenzarnos. Si puede hacer lo que le venga en gana.

No los pueden dejar libres. No.

Sepan que no vamos a quedarnos esperando. Vamos estar alertas, movilizados, no nos van a parar ni a atemorizarnos. Cuarenta años de lucha no lo van a tirar por la borda tres jueces. Nos dieron este manotazo duro, este golpe helado, nosotros lo recibimos y nos paramos firmes. No los pueden dejar en libertad.






GENOCIDIO E IMPUNIDAD


Los genocidas Etchecolatz y Von Wernich piden quedar libres con el “2x1”
Condenados a cadena perpetua, buscan beneficiarse con el escandaloso fallo de la Corte Suprema de la semana pasada.



La noticia fue dada a conocer por Guadalupe Godoy. Junto a Myriam Bregman, fueron las abogadas de Jorge Julio López en el juicio del año 2006 contra Miguel Etchecolatz y parte de la querella de Justicia Ya! en el juicio contra Christian Von Wernich del año 2007.
A horas de conocerse el fallo de la Corte, organismos de derechos humanos daban cuenta de que casi 300 represores podían quedar libres
Fue cuestión de horas para que el indulto judicial hiciera efecto y siniestros personajes, condenados por múltiples y aberrantes delitos, soliciten la reducción de sus penas.

El prontuario de los genocidas

Miguel Osvaldo Etchecolatz fue condenado a prisión perpetua en cuatro juicios. En cuatro juicios fue encontrado responsable de cientos de desapariciones forzadas, torturas y robos de bebés. En esos cuatro juicios fue condenado por delitos de lesa humanidad.
Etchecolatz fue parte del engranaje genocida dentro de la Policía Bonaerense. Nunca se arrepintió de nada. Cuando tuvo que defenderse en una de las numerosas audiencias por los juicios en su contra dijo sin escrúpulos: “Por mi cargo me tocó matar y lo haría de nuevo”.
Christian Von Wernich fue sacerdote de la Iglesia Católica y capellán de la Dirección de Investigaciones de la Policía Bonaerense. Fue condenado a reclusión perpetua por hallarse culpable de 42 casos de privación ilegítima de la libertad, 31 casos de tortura y 7 homicidios calificados. Los delitos fueron cometidos en seis centros clandestinos de detención del denominado “Circuito Camps”.
Los números impresionan. Pero se trata sólo de las 42 víctimas “seleccionadas” por un juez de instrucción en aquel entonces para llegar a juicio oral. En ese mismo juicio, la querella denunció que en el lapso temporal por el cual se juzgaba a Von Wernich estuvieron detenidas desaparecidas en esos seis campos clandestinos el escalofriante número de 1.238 personas.
Las condenas contra Etcholatz y Von Wernich fueron las primeras en reconocer que los delitos habían sido cometidos “en el marco del genocidio”. La aplicación de esa figura fue exigida desde la reapertura de los juicios de lesa humanidad por el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), representado por Myriam Bregman en la querella unificada Justicia Ya!.
Ambas sentencias debieron dar cuenta de un extendido reclamo popular y de la larga lucha de organismos de derechos humanos para que se reconozca a los partícipes de la dictadura por lo que eran y son: genocidas que fueron parte del terrorismo del Estado y cometieron los más aberrantes delitos contra miles de trabajadores, jóvenes, activistas sindicales y militantes políticos.


La desaparición de Jorge Julio López: 

Uno de los testigos que reconoció a Etcholatz desde el primer momento y testificó en su contra fue Jorge Julio López. El día 18 de septiembre de 2006, López desapareció por segunda vez. En 2014, antes de recibir una nueva condena por el centro clandestino La Cacha, el excomisario escribió en un papel “Jorge Julio López” y menos visible la palabra “secuestra”. Toda una señal mafiosa de impunidad.
Al momento de desaparecer López, en la Bonaerense había poco más de nueve mil integrantes de esa fuerza que provenían de la dictadura. El por aquel entonces gobernador Felipe Solá reconoció ese dato, pero jamás se tomó una medida para separarlos y juzgarlos. Con cinismo y complicidad, Aníbal Fernández declaraba que López se había ido a “tomar té a la casa de la tía”.



Luchar contra los genocidas, luchar contra la impunidad:

Haciendo referencia a los largos años por los cuales estos genocidas estuvieron impunes, durante su alegato contra Von Wernich Myriam Bregman concluiría diciendo que “el genocidio es un proceso que como tal tiene etapas de preparación, desarrollo y justificación y planificación de impunidad. Por eso una práctica social genocida es tanto aquella que colabora en el desarrollo del genocidio como aquella que lo justifica ideológicamente”.
Queda claro que el nefasto fallo de la Corte es el corolario del vil negacionismo practicado por el gobierno macrista desde su asunción. La Corte busca consagrar la impunidad que elaboraron los genocidas sobre el final de la dictadura y la que los benefició durante los gobiernos posteriores.
Junto a quienes lucharon incansablemente contra la impunidad de ayer y de hoy. Los que no callaron y exigen año a año la aparición con vida de Jorge Julio López. Por el juicio y castigo a todos los genocidas y el cumplimiento efectivo y en cárcel común de todas sus condenas. Este miércoles 10 seamos miles en las calles levantando estas banderas.

lunes, 8 de mayo de 2017

Alejandrina Barry ..... CAMBIEMOS la verguenza nacional

2x1 a los genocidas: el fallo de la vergüenza
El fallo de la Corte puede ser equiparado, por sus consecuencias, a los indultos del menemismo.


         


Bronca, dolor, indignación. Pueden ser solo las primeras palabras que miles sentimos ayer al conocer el vergonzoso fallo de la Corte Suprema de la Nación. Fallo de la vergüenza. Corte de la vergüenza como la definió Myriam Bregman. Por las consecuencias que tendrá, podríamos compararlo con los indultos de Menem que consagró la impunidad de los genocidas, ya otorgada por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final de Alfonsín. Podemos definirlo como un indulto encubierto, que si bien se aplica en este caso, sienta precedente para garantizar la libertad de todos los genocidas.

Sin duda un fallo, que junto a los jueces de la Corte que lo firmaron, pasará a la historia por atreverse a enfrentar la lucha que miles y miles venimos dando en las calles para encarcelar a los asesinos de nuestros familiares.

El genocida sobre el que trata este fallo es Luis Muiña, condenado por secuestros, torturas y desaparición contra trabajadores del Hospital Posadas. Allí donde funcionó un centro clandestino de detención, donde se torturó, asesinó y desapareció a trabajadoras y trabajadores del mismo hospital, y vecinos de la zona. Muiña era civil y formaba parte del autodenominado grupo “SWAT”, un comando interno del Hospital. Recorrían las instalaciones deteniendo y torturando a trabajadores y vecinos, muchos de los cuales siguen desaparecidos. Por esto fue condenado en 2011 a la pena de 13 años de prisión.

A este genocida, la Corte aprobó por mayoría otorgarle el cómputo 2x1, basándose en la Ley 24.390 que estaba vigente en el período 1994 y 2001, que intentaba paliar la situación de presos comunes que padecen larguísimas prisiones preventivas sin sentencia.

A Muiña se le aplicará la ley del “dos por uno”, pese a que no estaba vigente ni cuando ocurrieron los hechos por los que fue condenado, ni cuando fue detenido.

Este fallo netamente político a favor de la impunidad, es un mamarracho jurídico porque estamos hablando no de delitos comunes sino de delitos de lesa humanidad perpetrados por el aparato del Estado.

El voto mayoritario plantea como “permanente” el carácter del delito por ser de “lesa humanidad”, para establecer que la ley del dos por uno estuvo vigente. Una aberración para justificar la aplicación de esta medida.

“Se decidió que a los efectos de la aplicación de la ley penal más benigna lo que importa es que el delito se hubiera cometido durante su vigencia, siendo irrelevante que el imputado hubiera estado detenido o no durante dicho lapso”, sostiene el voto coincidente de Highton y Rosenkrantz, que conformaron la mayoría junto con Rosatti.

Esta nueva Corte, que acompaña las políticas del Gobierno nacional, se conformó el año pasado con la incorporación de Rossati y Rosenkrantz, cuyo nombramiento no hubiera sido posible sin el inestimable apoyo en el Senado del bloque mayoritario del PJ-FpV que votó los pliegos de ambos magistrados.